viernes, 23 de mayo de 2008

- ¿Qué te pasa?
- Nada
- ¿Estás seguro? Venga, cuéntamelo.
- Está bien. La única persona que me ha importado en los últimos tiempos no confía en mí. Siempre está tirándome puñaladas, dudando de mis palabras, en definitiva, se está convirtiendo en alguien a quién no me apetece ver. Y el resto de mi vida, una mierda. No cumplo con mi trabajo, falto más de la cuenta, todo ello porque por las noches, cuando llego, a ese oscuro apartamento que tengo solo tengo ganas de tirarme en ese sofá deshilachado que tengo y beber ese vino barato que me está destrozando el hígado. Además, el subnormal de mi coordinador, siempre encima de mí, amenaza constantemente con despedirme, aunque para la mierda de sueldo que cobro quizás debería hacerlo. Mis amigos no me llaman, todos ellos se han casado, tienen hijos o se han ido a vivir fuera. Hace como tres meses que no veo a mi familia, no me hablan desde el funeral de la abuela y todo por llegar algo borracho al funeral y lo peor de todo, es que ni si quiera me importa.
Me han embardado el coche por las multas de circulación, el banco me ha retirado las tarjetas y apenas tengo 24 euros en la cuenta para llegar hasta el próximo mes.
Como comprenderás, no tengo ningún motivo para sonreír, excepto alguna noche que veo por enésima vez repetida la Vida es Bella.
- Bueno al menos estoy yo aquí.
- ¿tu? Coge el dinero que hay en la mesilla, vístete y vete.

lunes, 19 de mayo de 2008

¿Por qué nos atraen las relaciones imposibles?
Casados, chulos, los que viven lejos, los que no nos llaman, los que tienen un par de hijos, los que no quieren compromisos. La amiga de nuestro rollete, la que no me mira en el gimnasio, la hija del jefe, joder como está, la que me dice ya te llamaré, la que me llama y no puede, la que puede y no quiere, la que quiere y no viene.

Nos gusta complicarnos la vida, buscamos aquella persona que nos lo pone difícil, aquella a la que hay que buscar, a quién no podemos tener. Valoramos más lo que deseamos que lo que tenemos, lo que nos parece lejano e inalcanzable, que lo fácil.

¿Somos tontos? Hay alguien que conoces, que tienes cerca, que quiere estar contigo, que le gustas y ella a ti. Te lo pasas genial, puedes hacer cualquier cosa con esa persona, puedes tener lo que quieras, y lo que tienes es… Insuficiente.

Pero por qué. Que nos va a dar esa persona que no deja que nos acerquemos a ella más de un momento o una noche. Que nos ofrece, qué atractivo tiene perseguir a alguien como si fuese una cazaría y atrapar tu presa.

Quizás esa sea la recompensa, cazar a tu presa, perseguirla, acosarla, acorralarla y derribarla, pero después de eso, ¿qué queda? Ya has conseguido lo que querías, lo tienes, dónde está el reto ahora, dónde quedaron los incentivos, el placer. No va a llegar a nada más, descubrirás que es una persona como otra cualquiera, que ese halo especial se esfumó con la captura, que no te motiva el continuar con la presa cazada, porque al poco tiempo, como todo cadáver, se convierte en carroña, y la verdad, a mi perseguir a alguien nunca se me dio bien y mucho menos por carroña que algún otro depredador abandonó.

lunes, 12 de mayo de 2008

Mediados de mayo, junio ya como dijo ayer un amigo mío y como están los gimnasios.

El viernes, en mi hora de cinta casi me caigo. No por la velocidad excesiva, o porque tuviera un tropezón, sino por un ente, que se situó en la cinta contigua a la mía. Hasta ahí todo normal, lo más curioso es que el señor saco la revista “Men´s Health” y tranquilamente comenzó a leerla, mientras su velocidad era de 4 km/h.
Una sonrisa irónica se me escapó al ver el esfuerzo de aquel tío que se preparaba para el verano que ya se acerca. Ostras, estuvo 15 minutos a esa velocidad, yo creo que llegó a la página 43, esa que se dedica este mes a “pasa a la acción” se emocionó y se marcho.

Pero lo más curioso es que miras a tu alrededor y el gimnasio ha experimentado un aumento de usuarios que pretenden conseguir en apenas dos meses, lo que otros llevan trabajando durante años.
Arturo dijo el lunes: “Está esto hasta arriba, las viejas que se suben a las cintas y una hora andando ni para sudar, las gordas que hacen spinning, aeróbic y cien abdominales, pero como van a bajar ese pedazo de culo”
Y tenía razón. Han desaparecido las tías buenas, o al menos se han camuflado entre otras de cuerpos blandos, fofos, que más que unos kilitos les sobran unas onzas. De esas que han ido al Décimas se han comprado unas zapatillas, unas mallitas ajustadas y el mp3, de las que piensan, “esto en dos meses me lo quito” ¿Pero como te vas a quitar en dos meses lo que te has comido en todo el año?
Si te tiras al vacío y lo llenas.

Pero ahora llega el verano, el solecito, hay que ponerse faldas, enseñar ombliguito y mostrar canalillo. Claro, esas carnes caídas, pues no quedan bien, ¡qué beso habría que darle a quién inventó los sujetadores de relleno o el wonderbra”

Y los tíos, acojonante, tres cajas de zapatillas en la papelera de los vestuarios había el otro día. Pantalones Nike, piernas blanquitas llenas de pelos, cuyo único músculo que se marca es el de la goma de los calcetines, y una camiseta de algún equipo de fútbol de hace tres o cuatro temporadas.
Comienzan a correr, a hacer alguna pesa, abdominales (bueno de esos pocos, que cuesta más) Piensan que en dos meses tendrán la tableta de chocolate de Jesús Vázquez, que como el tiempo demostrará se quedará en bombón relleno, los brazos de Kobe Bryant, que la única similitud serán los tatus que te hagas, y las piernas de Roberto Carlos, depiladas, porque otra cosa.
Esos que a la semana ya no van, que dicen tengo mucho trabajo, que el niño se ha puesto malo o que directamente me largo de cañas con los colegas.

Y la verdad que es divertido, ves como un tío que no ha cogido una pesa en su vida se mete 40 kg en press de banca y casi se parte el pecho o como se van a beber agua y respirar a los 10 minutos de comenzar la clase de step.

Pero no desesperéis, si en la playa nadie se va a fijar en vosotros, ya hay tíos y tías más buenas a quién mirar y para echar un polvete este verano, pues como en invierno, espera a que esté borracha.
Que cara de gusto ponía la condenada, no había sentido una polla tan dentro desde hace tiempo, sus ojos de psicópata la delataban y eso que era la primera vez que lo hacía de esa manera.
O eso dijo…

¿por qué todas mentís diciendo, yo esto es la primera vez que lo hago o yo no suelo hacerlo? Sales con tus amigas, te pasas una hora y cuanta minutos pintando la raya del ojo, alisando tu pelo, eligiendo ese tanga que más te favorece ¿para qué lo vean tus amigas?

Has estado bailando en medio de la pista, mirando a ese tío durante más de veinte minutos, haciéndole notar como tus caderas se movían al ritmo de la música, que por cierto un tema del Columpio Asesino, llamado “el regreso del Evagelista”, y cuando se ha acercado a hablar contigo no has dudado en poner la mejor de tus sonrisas. Después de casi tres horas de conversación el te pide tu número, para llamarte otro día y tu en lugar de dárselo, le has insinuado que querías tomar otra copa.

Vas a su casa, te lo follas, con los ojos desorbitados después de sentir aquella cosa dentro de ti, gritando como una pija de mierda que eres, um um um, y corriéndote no menos de cuatro veces. Se enciende el cigarro y le dices, “esto es la primera vez que lo hago” ¿Por qué? ¿Te crees que se lo va a creer? ¿Piensas que así no quedarás como una zorra? Pero si el ya lo piensa. En el mismo momento en el que bajaste la cremallera de sus vaqueros y te comiste aquello sin apenas respirar, el ya lo pensaba. Lo más curioso es que a ti te importa tres narices lo que piense, ya te lo has zumbado y seguramente no lo volverás a ver, te has desahogado, te ha faltado decirle, con esa voz dulce de colegio de monjas “fóllame macarra de mierda”.

Pero lo más curioso, es que la mayoría de vosotras, las mujeres, siempre tenéis que soltar esa frase. Ya sea a un tío que os habéis zumbado una noche, al que acabáis de conocer a través de ese Chat que os tiene locas o al monitor del gimnasio. Vuestra dignidad, en la mayoría de los casos y salvando gratas excepciones, os impide decir, pues si, yo me follo al que quiero cuando quiero y disfruto de ello. Lamentable, porque a las únicas que mentís, es a vosotras mismas, a nosotros, nos da igual.

viernes, 2 de mayo de 2008

Légolas es el amigo que todos tenemos, con pinta de buena persona, algo regordete, no muy guapo, pero tampoco feo, ese que es entrañable. Algo así como un osito de peluche, al que muchas o la mayoría de las tías querrían abrazar, contarle vuestras penas, reíros con él. El perfecto amigo.

Es un poco friki, le gusta mucho algo que a los demás nos hace gracia, o que no disfrutamos tanto: ordenadores, baloncesto, comics, los donuts, el hip hop, etc. Es un tío que tan solo ha tenido una o dos novias en su vida, que habitualmente lo dejan, que se masturba con frecuencia (eso es cuatro o diez veces al día, los demás con una nos vale) que se emociona cuando una tía le habla y que no sabe que decir ante una que está muy buena. Sabemos de quién hablamos, todos los conocemos, no hacen falta muchas descripciones, todos tenemos nuestro Légolas.

Y llega un día en el que Légolas se enamora y lo mejor de todo, es correspondido. Una tía con la que no pega, que empezó pensando que mono es, me hace reír y que ahora se cogen las manos cuando caminan por la calle. Ella, que en ninguna de sus fantasías eróticas salía un tío como ese se siente cómoda, protegida, Légolas es tres veces más grande que ella, y segura, que ninguna se lo va a quitar. Ya no porque el tío no ligue demasiado, sino por los ojitos que este le pone.

Ayer, sin ir más lejos me encontré a uno en un restaurante, en la mesa de al lado, en el VIPS de Gran Vía (Madrid), tan tierno, tan protector, que me dieron ganas de darle dos besos.
Y así como el que no quiere la cosa, y casi susurrando, le entregó un regalo a su chica, no pude saber el motivo ni que era, ya que la perspectiva y la compañía no me dejaba observarlo bien. Ella cogió el regalo con una mezcla de que mono eres y que pesado baboso, lo miró y lo guardó en la caja pensando, no tienes ni puta idea de lo que me gusta. Y antes de borrar su sonrisa estúpida de la boca, se encontró con otro paquetito más pequeño. Esta vez si pude verlo, ya que nuestro Légolas insitió tanto en que los probase que casi le arranca una oreja para que la niña se acercase los pendientes del todo a cien que le había comprado.

Y así se quedó, mirándola, con los ojitos del que mira su coche nuevo, de quién se enamora e intenta complacer a la otra persona por encima de lo suyo para que esta no se vaya, de quién tiene sonrisa tonta, de quién ya ha pasado a hacerse tan solo cuatro pajas al día.

Ese es Légolas cuándo se enamora, por cierto, no sé como acabaría la historia, pero pinta de echar un polvazo en los baños no tenía ya que su enamorada quedó conmigo esa noche.

Vuelve el Rock N´Roll más puro de los años 80, el sonido inconfundible de guitarras, baterías y la voz del genuino Loquillo.

Un disco en homenaje a sus 30 años sobre los escenarios, a ser el mejor entre los mejores rockers en castellano, ahora ya sin su inseparable banda los Trogloditas, por fin se ha quitado la máscara de los múltiples personajes a los que ha dado vida durante su trayectoria para enseñarnos el que con la madurez que dan los años, es su última creación.

Fruto de todo ello nace Balmoral, homenaje a un clásico del Madrid más auténtico a orillas de la calle Serrano cerrado por derribo. Un viejo club al estilo inglés, antiguo, trasnochado, intemporal y al tiempo, lleno de encanto. Como sus habitantes. Una forma de entender la vida. Y un barman de leyenda, Manolo, amable, apasionado y rebosante de anécdotas. De esos que ya no quedan.

Una imagen de gángster de los años veinte, bien vestido, impoluto, perfecto, como siempre, ese aire chulesco, pinta de comerse el mundo y el respeto que infunden sus casi dos metros de altura. Loquillo nos vende un muy buen disco, del que si miramos más allá de toda la parafernalia ideada por el mismo, nos quedan muy buenas canciones. Sonido auténtico, trabajado, con letras, escritas prácticamente en su mayoría por el mismo, comprometidas con los malos tratos, abuso de poder y señalando con su dedo las injusticias que ve reflejada en esta sociedad.

Quizás se eche de menos una canción que vaya a quedar en el recuerdo, esa que pasen los años y sigamos cantando, pero visto en su conjunto, esa canción, no es necesaria.
Es un perfecto disco para todos aquellos amantes del buen rock, de los sonidos de antaño, que pocos o casi ningún artista de hoy en día sabría hacer y mucho menos a ese nivel.
¡¡Bien Loco!!

Valoración:

-Calidad/Precio: 9
- Recomendable: Mucho
Hoy no escribo de nada, solo presentaros un nuevo blog, se llama UN PUNTO DE VISTA, en el que trataré de daros mi opinión, aunque no os importe, de espectáculos, discos, películas, juegos, fiestas... Ya digo que es mi opinión, sin que tenga que ser así como lo veis los demás.

Os dejo el vínculo: http://updv.blogspot.com/ disfrutarlo, si podéis.

El pasado día 26 de abril llegó a Salamanca el show de “Los cómicos más buscados”.

Un cartel prometedor, con Paco León al frente (el tonto de “Luisma” en la serie Aída) el casi olvidado Santi Millán y el desconocido para el gran público Toni Moog.

El espectáculo se celebró en el Multiusos de Salamanca, un escenario poco propicio para ello, seguramente elegido por la intención de llenarlo y que apenas cubrió la mitad de su aforo.

Programado para las 22:00 horas, tras los primeros silbidos y abucheos los cómicos se dieron cita en el escenario a las 22:20 horas, tras una gran ovación, sobre todo a Paco León, comenzaron con una breve introducción, llevada a cabo por Santi Millán y acompañado en gran medida por Toni Moog. Tras un paripé de globitos y mensajes a móviles, que no hacen más que engañar al público haciéndoles creer que participan en el show, el primero en enfrentarse al público fue Santi Millán.
Su valoración flojita, un monólogo retocado para el de uno de los ya contados alguna vez por Toni Moog, en el que apenas destacó algún chiste fácil. Supo llevar el monólogo de manera amena, sin que se hiciese demasiado pesado, pero sin aportar nada personal al mismo.

El segundo en saltar a la palestra fue el desconocido Toni Moog, quién se aprovechó del desconocimiento del público para sintetizar en 20 minutos sus tres monólogos más famosos de Paramount Comedy (Mis dos amigos, El perro del Choni y la Playa) Naturalmente introdujo ciertas modificaciones, pero nada nuevo, algo ya visto y que no aporta nada a su carrera profesional más que una sustancial suma de dinero en su cuenta.

Para el último lugar dejaron al más aclamado y popular en estos momentos. Qué decir de Paco León, simplemente detestable, sin gracia, sin ofrecer nada al público, una verdadero engaño. Solo una sugerencia, si no sabe hacer monólogos que al menos haga durante 20 minutos de Luisma, de tonto con gracia, y que no intente engañar a nadie.

La conclusión, una estafa, una auténtica estafa. Por 30 € que costaba una entrada el espectáculo fue una mierda, sin gracia, sin nada de nada, excepto algo de Toni Moog.

Valoración:

- Calidad/Precio: 0
- Recomendable: No

martes, 29 de abril de 2008

Dichosa, lista, jugosa, hermosa, amante de sus amigos y esposa sin más... de la cosa.
De pechos exuberantes, sin operar, dato importante,
alegre, joven, no por joven más alegre, si por joven deslumbrante.
Despampanante, desternillante, desmembrante,
y porque no decirlo os digo, que para nada agobiante.

Caliente, caliente lo justo para no cansarme, cansada, cansada lo justo para dejarme satisfecho de cintura, muy relajado del glande y dormido como en la cuna duerme feliz un infante.

Que uno cansado está de tanto beso mal dado, de tanta lengua de más.
Que ni un beso se puede escribir que sirva para soñar.
De tanto colócate así, de tanto menéate más, de tanto me duele al revés, pues no lo pidas que no hago más q sudar.
De tanto ir y venir, con el “así, así sí, sí no me dejes atrás” –cada uno lo hace a su ritmo gilipollas- De tanto te voy a meter, de tanto te vas a enterar, de tanto que dura que está, de tanto hablar por hablar, de tanto Manu te estoy empezando a querer y yo te voy a acabar por odiar.

Hagamos lo que es menester, que es: chupar, joder y callar.

lunes, 28 de abril de 2008

Si te quedase un año de vida, ¿qué harías?

Complicado de responder, muy complicado. ¿Dejarías de trabajar? ¿Y con que subsistirías ese año que te queda? Viajar, alcohol, fiestas, drogas, hombres, mujeres. ¿Seguirías estudiando? O perderías el tiempo frente al televisor viendo como cuatro famosetes de medio pelo comen gusanos en una isla.

Quizás, tu respuesta a la pregunta sería la de la mayoría de la gente, pasar más tiempo con los tuyos, disfrutar de cada momento, amigos, familia, esa esposa infiel que te espera, ese novio que no te aguanta, o le dirías al tío que te gusta, eso, que te gusta.

Quizás, serías más generoso con la gente que te rodea, ya no serías el jefe cabrón que mira por encima del hombro a sus empleados, o la compañera arpía de clase que no deja los apuntes al guapete de al lado que prefiere irse al bar a jugar la partida.
Quizás tratarías mejor a tu hermana pequeña, le dejarías tu camiseta preferida, le presentarías a tus amigas o le prestarías tu maquillaje.

A lo mejor te follarías a tu novio más de tres veces por semana, harías cumplir su fantasía, incluso, te lo tragarías.

No gritarías a tu padre cuando te pide que bajes la música, irías con tu madre a la compra porque te daría igual que hablase de cómo te comías las pinturas cuando eras pequeña, y visitarías a tus abuelos alguna que otra vez.

En definitiva, intentarías que los que te quieren, te rodean y te aguantan, estuviesen un poco mejor, hacerles más felices y tratar de sacarles una sonrisa antes de tu último adiós. Elegirías, como casi todos la opción más egoísta.

Egoísta por obligarse a despedirte de ti, por no anticipar un final que ya sabías, por hacerles sufrir. Por obligarlos a estar a tu lado hasta el último día, por querer sentirlos hasta el último aliento, y por dejarles una lágrima cuando caiga sobre ti el último grano de arena.

Egoísta por pretender tener un final de película, todos a tu alrededor y que unas horas después de tu funeral cuenten historias y anécdotas, por querer permanecer en el recuerdo más doloroso, por instar a aquellos que te conocían a no olvidarte.

Porque quizás lo más valiente, o lo más estúpido, sea que te olviden cuanto antes, sea que en el mismo momento que sabes que te tienes que ir, te vayas, sin despedirte, sin mirar atrás, buscando, tal vez como los elefantes, tu propio cementerio, pero ese que no deje heridos.

Y tu ¿qué harías?

martes, 22 de abril de 2008

Una tarde cualquiera de verano, entre los años 1997 a 2002, no recuerdo exactamente, en las antiguas marginales calles del barrio de Pizarrales, a eso de las seis de la tarde, sentados un grupo de universitarios aburridos, y con alguna cervecilla en el cuerpo, en la terraza de “La Vera” después de jugar la preceptiva partida de mus, quizás fuese un lunes o un martes, y charlando sobre las peripecias y andanzas de alguno de ellos durante el anterior y caluroso fin de semana, se elaboró una curiosa teoría, aceptada por todos, menos por Carlos, por los motivos que posteriormente comprenderéis, que a día de hoy, y salvo alguna, no sé si decir honrosa o dudosa excepción, se mantiene vigente tal y como se vomitó el primer día.

La premisa de partida, formulada por un tal Porros y que no desvelaremos más datos de su identidad, no vaya a ser que le arruine su vida como ingeniero de telecomunicaciones, era la siguiente ¿LAS TÍAS SON UNAS ESTRECHAS O SÓLO ES CONMIGO?

Esta pregunta tan simple y absurda a primera vista, desencadenó, además de las risas y puteo momentáneo, una serie argumentaciones expuestas por cada uno de los presentes, que derivó en la formulación de la teoría PUTAS O HIJAS DE PUTA.

Pero para mayor comprensión, del perturbado lector, hay que entrar en antecedentes. Ese fin de semana, como todos en aquella época salimos a tomar unas copas, cachondeo y demás tropelías realizadas por jóvenes estudiantes aburridos que poco o nada tenían que hacer en verano, después de haber superado, en mayor o menor medida, el curso con éxito. A lo largo de la noche, y ya con algunos litros de cerveza en nuestros cuerpos, apareció, por uno de los bares que frecuentábamos en aquella época, de la calle San Justo, Ana.
Ana es una de esas chicas, como diría yo, de las que te zumbas cuando no tienes otra, que tiene el don de la oportunidad, el de aparecer cuando te apetece echar un polvo y el de irse cuando has terminado. Una de esas chicas, que te la estarías follando media vida, porque cuando tienes ganas de follar la llamas y viene, sin importar la hora, el día o que tenga la regla y solo te la vaya a chupar. Pero Ana sabe, que nunca será más que eso, Ana es la hermana de Carlos.

Pues bien, esa noche, apareció Ana y de todos los que estábamos allí, faltaban dos por zumbársela, Carlos, naturalmente, aunque convencido estoy que alguna pajilla ha caído con ese impresionante par de tetas que tiene y Porros. Pues éste último dijo algo así, como “hoy me la follo yo” Frase que quedó en eso, pues tras reiterados intentos de engañar a la susodicha no hubo manera y supongo que haría esa noche el amor con la persona que más quería, es decir, consigo mismo.

Así las cosas, esa tarde de verano y ya como conclusión a las disparatadas burradas que salían por nuestras asquerosas y sucias bocas, alguien y no recuerdo quién fue, quizás fuese yo, pero no estoy seguro dijo: “Hay dos tipos de tías; las putas y las hijas de puta. Las putas son las que follan con todos, da igual como seas, como vistas, como huelas, te follan y a otra cosa, hoy has sido tu y mañana será otro, o quizás esta noche. Y después están las hijas de puta, que son aquellas que follan con todos menos contigo. Esa que se ha tirado a todo tu grupo de amigos, esa que cuando aparece dices hoy la meto, esa que de manera inexplicable después de ponerte la polla dura hasta la cintura durante toda la noche se larga con otro, esa, a la que te la follarías por el solo hecho de no ser el único que no lo ha hecho”

Y esta teoría, en el año 2008 sigue siendo tan válida como hace 10 años, porque las niñas estrechas no existen ya que al final todas se abren, y aunque no conozca a ninguna hija de puta, si que conozco a muchas que dicen “yo esto es la primera vez que lo hago, o yo no suelo hacerlo…” pero eso ya es otra historia, que algún día os contaré.


Dedicado a quién me pidió que lo escribiese, aunque se de buena tinta, que hija de puta no es.

martes, 15 de abril de 2008

Te escribo la presente para agradecerte tu presencia, por estar ahí, a mi lado, dónde si no podrías estar, por ser cómo eres y por no cambiar con el paso del tiempo, por no subirte al cielo ahora que te va bien, aunque tu ego siempre ha estado en el lo más alto.

Porque has dormido conmigo cada noche, has sentido como yo cada polvo, cada beso y algún que otro bofetón por tener la lengua tan larga.

Por hacerme reír con tu ironía, por tus burlas satíricas al mal gusto, a la mediocridad y a la hipocresía.

Porque del mismo modo que te admiro te odio. Más de una vez te he dicho que tu vehemencia, tu ímpetu y pasión desatarían más de un odio, más de diez insultos y muchas puertas cerradas. Aunque eso de abrir puertas a patadas y derribando muros siempre se te dio bien.

Tan bien como meterte en la cama de la tía más mojigata, de la más estrecha, de la más odiosa, porque tantas han pasado por tu cama, como tantas se han ido, porque como tu bien dices, esta vida no es más que el paso de gente, cosas y situaciones, que hay que afrontarlas, con la mayor de las chulerías.

Y aunque esa chulería, seguridad e incluso prepotencia te llevarán, estoy convencido, a dónde quieres llegar, no es más que una parte, mínima, de quién eres.

Porque quién y cómo eres lo has decidido tu, y eso es lo que mayor admiración me produce.

Gracias, por hacer que cada día me enamore, cuando me miro al espejo. No cambies.

jueves, 10 de abril de 2008

Alguien que te hace odiar, reír, amar, desear, alguien que fijamente te mira y te desarma, alguien que con tan solo morder su labio provoca que tu calor corporal aumente hasta pasar los 40º, alguien que te estimula y revuelve tus sentimientos, buenos o malos, los mejores o los peores, alguien así merece la pena.

El chico guapo, inteligente, prepotente y seguro de sí mismo. El triunfador del grupo. Un estilo de vida ciertamente liberal en lo sexual, apariencia de arrogancia, autosuficiencia, frialdad e insensibilidad. El centro del universo, el sol que brilla sobre el mundo de todos y de quién se dice que no se detendría a levantarte después de pisotear tu corazón, repetidamente y con botas militares (o con su coche negro).

Sus relaciones más profundas son algún que otro familiar y tres o cuatro amigos y aún ni ellos ocupan la mitad de su tiempo.

El resto de su tiempo lo ocupa en su trabajo de éxito, su ropa de firma exclusiva y el placer de hacerte sentir el centro del mundo por tan solo una noche. ¿Por qué, a quién no le gusta sentirse el ser fundamental de alguien, sentirse en el mayor de los nirvanas aunque tan solo sea por unas horas?
Porque eso es lo que vas a tener, tan solo unas horas. Porque no le exijas que te vuelva a llamar, ni te molestes en darle tu número, porque aunque te lleve cogida de la mano a dónde nadie te ha llevado nunca y siempre has querido ir, no recorrerá contigo el camino de vuelta.

Por qué, ¿quién no ha querido tener a un tío así alguna vez? Es el hombre al que adorarías odiar.

lunes, 7 de abril de 2008

¿Cuántas veces hemos pensado, deseado, soñado, con encontrar a alguien especial?
Alguien que nos haga reír, alguien que nos haga soñar, que nos saque una sonrisa con una mirada, alguien a quién deseemos ver cada día, abrazar cada minuto y besar cada segundo.

Alguien por quién lucharías, alguien por quién cambiar tus prioridades, alguien con quién con tan solo una noche, seas la persona más afortunada del mundo.

Alguien con quién tan solo con estar cerca te sientes especial, te sientes en otro mundo, te sientes como nunca te has sentido.

Alguien con quién soñar es tan sencillo como mirar, con quién compartir, es tu máxima, y alguien con quién la palabra estar se convierte por una vez en ser.

Llevo un tiempo solo, y reconozco perfectamente cuando ese alguien aparece, esa persona entra en tu vida tirando la puerta abajo, te descoloca. Detecto cuándo alguien es especial, cuando no puedo ni quiero ser tan imbécil de dejar pasar la oportunidad de vivir, aunque me de miedo.

Y ese miedo lo tenemos todos, miedo a volver a sufrir, a no ser correspondidos, a que no salga bien. Miedo a SENTIR.
Un miedo que nos impide vivir. Porque vivir, es algo más que respirar, es sentir, es disfrutar, es un abrazo por la mañana o un beso antes de dormir.
Porque vivir es darlo todo y compartir todo, vivir es vencer a ese miedo a morir, a esa sensación de asfixia que tienes al no estar cerca, a encerrarte, alejarte a negar la evidencia.

Quiero superar ese miedo, quiero saltar al vacío y no estrellarme, quiero volar y que seas mis alas.

No quiero tener miedo, porque no me voy a estrellar, porque se puede construir un mundo en el cual la gravedad no exista y no caigas, en el que cuando mires arriba o abajo no tengas vértigo, porque sé que ese mundo es posible, tan solo hay que vivir.

A quién lo quiera entender

martes, 1 de abril de 2008

¿Qué perdemos cuando dejamos de ver a alguien? La respuesta puede ser múltiple, variada y contrapuesta en función a quién le formulemos la pregunta y sobre quién vaya referida.

Todos hemos tenido una pareja, un amigo, un familiar, que por unas u otras razones hemos dejado de ver, de hablar, de compartir momentos. La muerte, la distancia, los malentendidos… a todos nos ha pasado.

Quizás el caso que más nos molesta, es el de la pareja que dejó de serlo, el tío que nos gustaba y desapareció o que hicimos desaparecer.

Porque hacer desaparecer a alguien es muy sencillo, eliminar su número de teléfono, su correo electrónico, no responder llamadas, mensajes, no volver a verlo. En definitiva, como si nunca hubiese existido ¿Qué vamos a perder? NADA. Ese tío nuevo que nos gusta es una mera expectativa, una ilusión, una incertidumbre, algo que queremos que pase, pero que en la mayoría de ocasiones no va a pasar.

¿Y por qué no pasa nada? Pues porque ilusiones y expectativas hay todas las que quieras, tantos como tíos por la calle, tantos como imbéciles que te aguanten. En cualquier bar, calle, supermercado y Chat de esta mierda de mundo llamada Internet nos podemos encontrar con expectativas, con personas que nos hacen ver una ilusión, pero que solo es eso.
Porque cualquier persona es sustituible, porque por muy simpática que sea, buena que esté o bien que la chupe, siempre habrá otra que lo haga mejor.
Porque eso del amor es algo tan mitificado que no nos damos cuenta de la mentira que estamos viviendo hasta que nos alejamos de ella. Porque no conozco a nadie que haya muerto de amor y porque la mancha de una mora con otra verde se quita.

¿Qué podemos perder? Eso nos lo hemos preguntado todos en mayor o menor medida. Momentos, besos, abrazos, comodidad, sentirse bien y querido, arropado, seguro, ilusionado. Pero en el juego hipócrita de esta vida, no hay mayor hipocresía que el amor por alguien, que sabemos que un día se marchará o lo echaremos de nuestra vida, porque de la misma manera que se va, otro llegará.